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sábado, 28 de enero de 2012


PRESENTIMIENTO

Me moriré en un día del mes de enero.
Lo sé, pues me lo anuncia el corazón.
Este mes que amo tanto será el último...
o tal vez el primero... ¡qué sé yo!

No me asusta la muerte, que es la amiga
que nunca falla y siempre viene, fiel.
Mas me aterra el dolor de no tenerte,
y la Nada, y el ser y ya no ser.

Cuando empiece ese año, nuevo y frío,
y la esperanza sea resignación.
Cuando los Magos vuelvan a su Oriente
y antes de que el almendro luzca en flor.

Me moriré en un día del mes de enero.
¿Será fácil morir?
Me moriré sin ver la primavera.
Ya no abrirán los lirios para mí. 

Duele el amor, y el desamor. La ausencia
ya está doliendo antes de llegar.
Duele el recuerdo de lo que has perdido
y que ya nunca, nunca más tendrás.

Tal vez la muerte sea, al fin, un bálsamo
que en dulzura convierta mi dolor.
Si es la Nada, no importan las preguntas.
Y... ¡qué hermoso, si es Dios!

Me moriré en enero; mas yo creo 
que si en "aquella orilla" no hay abril
tal vez en primavera veas mi sombra
vagando entre las rosas del jardín...

                                           Jana




lunes, 24 de octubre de 2011

   Hoy ha sido el primer día de lluvia del otoño. Esta mañana, mientras iba hacia la guardería y miraba las gotas cayendo como estrellas en los charcos, me vino a la mente aquella primavera de 2004, "mi primavera de desamor", cuando supe, como un puñetazo en el estómago, que todo lo que había creído mío y eterno se desvanecía en el aire, que el hombre al que uní mi vida y mi futuro desde los quince años, se había enamorado de otra y no podía renunciar a ella.
  Nunca olvidaré las palabras con las que, por fin, contestó a mi pregunta cien veces repetida en aquellos días: "Pues sí, estamos enamorados". ¿Cómo pueden doler tanto cuatro palabras soltadas así, al amanecer de una noche insomne, mientras el corazón te golpea sin piedad en el pecho? Doler tanto y a la vez mostrarme, aparentemente, tan fría, tan serena. Le pregunté: "¿y qué piensas hacer?", él me contestó: "¿qué vas a hacer tú?", y yo ¿cómo iba a saber qué haría, si de pronto mi mundo se estaba derrumbando y no había ni un mal escombro que cayera sobre mí para quitarme el dolor, la responsabilidad, la certeza? 
  Eso sí: no supliqué. No por falta de ganas: me hubiera tragado todo el orgullo si hubiera habido una posibilidad de que él me amara... pero no puedes suplicar amor, no, porque el amor no se da a quien uno quisiera, sino que se da, y punto. Aquel "estamos enamorados" me rompía en mil pedazos el corazón, pero no había modo de borrarlo. Él tenía que irse con ella, y así se lo dije. No se fue... tardó un año, y ése fue mi gran error: permitirlo, no echarle a puntapiés, que es casi lo que tuve que hacer al final, y por eso sufrí durante meses lo que hubiera curado en semanas, por no saber "arrancarme su hierro de la herida".
  El primer fin de semana que siguió a aquella conversación, él se fue a verla, a Málaga (cerquita de aquel mar donde habíamos vivido dos años, digamos, felices), y yo me quedé en casa con mi niña de doce años. Era marzo; llovía, llovía, llovía... Sentadas en el suelo de la salita, con las cabezas muy juntas, Anais y yo leíamos a Bécquer y de vez en cuando una lágrima caía sobre las páginas ya amarillentas de puro leídas. Sé que tuve una enorme suerte por tenerla a ella para compartir mi tristeza, para comprenderme, para leer, cantar y llorar conmigo. Sé que su cariño, su compañía y su compenetración tan total conmigo me salvó de mucha locura.
  Aquel fin de semana escribí la primera de las poesías que, después, compusieron Mi Primavera De Desamor, un conjunto de poemas en los que volqué todo el dolor de aquellos días, tan lejanísimos ya en tiempo y sentir. Anais fue la primera en leerlo. Hoy, que llueve pero no es primavera, que el agua nos bendice  en esta tierra de olivares, pensé que lo escribiría en el blog para compartirlo con todos vosotros, y hasta la mañana se me hizo más corta con la idea de rememorar un poquito aquí lo que fue y ya no es, porque todo se supera, todo pasa, y después de aquel dolor... volví a vivir, volví a enamorarme, volví a llorar y encontré a alguien con quien compartir la lluvia, el sol, el viento y la belleza de las noches.


MI LLUVIA


Gota a gota la lluvia se desliza
y en mis cristales, sin llamar, golpea.
Por mi ventana veo su llanto suave
que abraza mi silencio y mi tristeza.

Tú ya no estás; no estás más que en mis sueños.
Sé que tu cuerpo es ahora acariciado
por aquel sol que ya no veré nunca,
por aquel mar que al fin me ha traicionado.

Cae la lluvia y es mía, mía la lluvia.
Cae para mí, me arrulla, me enloquece.
Mis lágrimas se mezclan con las suyas
y mi tristeza, acompañada, crece.

Tú estás muy lejos; sé que donde estás
también caerá la lluvia en primavera.
Pero ésta que acompaña mi dolor
es sólo mía, la que ayer fue nuestra.

Una mañana gris, al levantarte,
gotas de agua besarán tu faz.
Y entonces mi recuerdo irá en un vuelo
y entre la lluvia, amor, me añorarás.

Allí tendrás calor, tendrás ternura,
tendrás besos de miel y de ambrosías.
Tu piel se fundirá con otra piel...
pero la lluvia es mía. Sólo mía.
                                           Jana.


jueves, 4 de agosto de 2011


TRISTEZA

Estoy triste. Triste.
Con esa tristeza sin palabras,
esa tristeza honda, tan profunda
que las lágrimas no saben expresar.

Triste con la tristeza de las hojas
que presienten el otoño en su amarillo.

Triste con la impotencia de las olas
que al golpear la playa morirán.

Es una nueva tristeza la que hoy siento.
Es un llanto sin agua que no aguarda consuelo.
Es un miedo rabioso que no puede gritar.
Es la sed implacable en un desierto
donde araño la arena para morir.

Tristeza de un amor inacabado
que no ha sabido amar.

Tristeza de unos versos inconclusos
que mi pluma no sabe comenzar.

Tristeza amarga de infinitos besos
que en mi boca murieron al nacer.
Caricias esbozadas de unas manos
heladas en un baile sin canción.

Estoy triste. Tan triste, que la angustia
retuerce sin piedad mi corazón.
Tan triste que hasta el sol muere de frío
cuando mi alma implora su calor.

Estoy triste.
Triste.
Con esa tristeza sin esperanza
que es morirse de amor sin un amor.

                                        Jana

jueves, 7 de julio de 2011

YA SÉ...

   Esta mañana, en un banco de la plaza, estaba sentado un albañil comiéndose un enorme bocadillo. A su lado había un perro, un chuchillo  que lo miraba anhelante, casi con la lengua fuera, meneando el rabito. Al cabo de mucho, pero mucho rato, el hombre cortó un minúsculo trozo de pan, se lo echó (lejos) y murmuró, lo bastante alto para que yo pudiera oírlo:
  -¡Toma, anda, y vas que chutas!
  Me ha dejado pensativa. De pronto sentí una gran identificación con el perrito: durante años, y más años, yo he sido como ese perro, he estado esperando, anhelante, unas migajas de amor, y aunque sólo me daban esas migajas cada mucho tiempo, yo con eso me conformaba, y esa limosna que él me dispensaba como el rey a su mendiga me bastaba para seguir soñando y aferrándome a mi engaño, hasta la próxima.
  ¿Seré masoquista? Yo creo que no: sólo una tonta. No me gusta sufrir, la prueba está en que, llegado el momento, renuncié a seguir mendigando su amor y dediqué mi cariño a mi niña, que me devolvía ese cariño con creces. La prueba de que era  una tonta está en que, para librarme de esa cadena, tuvo que ser él quien se enamorara de otra. Aun así, no se iba: chico listo. A los hombres, al parecer, hay que echarlos a patadas, porque te putean pero no se van. Al fin, sí, tuve que echarle, cuando ya había sufrido tanto que me quedé en los huesos.
   Pero a pesar de que él tenía "otra novia" (sic) de alguna manera se las arregló para que me sintiera culpable. Yo siempre me siento culpable de algo, lo confieso. Y después de ¡veintitrés! años de desaires y de decirme "no es bueno querer tanto", "no hay que demostrar tanto el amor", o de dejar de hablarme durante semanas, o de decir "ufffff..." cuando yo intentaba dialogar con él, consiguió que yo creyera que él también había sufrido mucho cuando por fin le hice caso y dejé de luchar para que fuéramos una pareja normal. Ahora comprendo que es muy cierto ese feo refrán de "cuanto más te agachas... ", pero en aquel entonces asumí toda mi culpa, y eso va en la poesía que voy a transcribir hoy aquí, in memoriam de un amor que fue locura (para mí) casi un cuarto de siglo cuando debió haber sido una aventura de dos meses.
   Todas las entradas que etiqueto con "mi primavera de desamor" son poemas escritos en aquella época larga y penosa, desde que la duda acechó en mí (él besaba de otra manera, ¿sabéis? pero tuve que escucharle hablar por teléfono para realmente empezar a sospechar, tonta crédula). Hubo un tiempo de sospechas y dolor, un tiempo de certeza y culpabilidad, y, por fin, un tiempo de abrir las manos y dejar que volara lejos.
   Ésta, "Ya sé...", es del segundo tiempo, mi admisión de culpa. He explicado todo esto antes porque, si no, creo que sería difícil que nadie la entendiera.




 YA SÉ...

Sé que la culpa ha sido también mía.
¡Cuántos errores cometimos, cuántos!
Yo no pensé que tú también sufrías
otros días, otros meses, otros años.

Yo te quería; te alejabas tú.
Tú me amabas y no me lo decías.
¡Qué cruel juego del gato y el ratón!
Y, mientras tanto, nos pasó la vida...

Ahora que ya te vas, te lo pregunto.
Ahora que me abandonas a mi suerte
por fin el corazón queda desnudo
y siento desgarrarme al comprenderte.

¡Qué cadena de errores enlazada!
¡Qué orgullo y qué vergüenza incongruentes!
Yo lloraba por ti, sola en mi cama,
y tú, solo también, callabas siempre.

Por eso, hoy que te vas, ya no me callo.
Es tarde, ya lo sé, pero no importa.
Murieron sin nacer tantos "te amo"
que están llenas de ellos mi alma y mi boca.

Te quiero, y tú te vas, pero te quiero.
Te quiero y te querré, y hasta la muerte,
como en una condena del infierno
diré "te quiero" y moriré por verte.

Antes de que te vayas, quiero darte
cada beso de amor, cada caricia.
Todo lo que en mi soledad no pude amarte
y así, al tú irte, quedaré vacía.

Ha sido todo en nuestro amor locura.
¿Por qué, entonces, tenemos que extrañarnos?
Un amor como el nuestro, necesita
para decir adiós, morir amando...
                  
                                   Jana

viernes, 1 de julio de 2011


RESURRECCIÓN

Si una lágrima cae en la tierra
tal vez brote mañana un rosal.
Si esa lágrima es por amor,
rosas rojas nacerán.

Un suspiro, y otro suspiro,
puede ser el preludio, en el mar,
de esa brisa que suave acaricia
y te hace soñar.

Una risa fugaz en la tarde,
al unirse a otra risa fugaz,
es la nota primera de un himno
que canta a la paz.

Una sombra de luna es la noche.
Es el mar una gota de sal.
Un poema saldrá de una lira
pulsada al azar.

Aún recuerdo ese fuego que quema
poderoso, implacable, al amar.
Con el beso primero de amor,
¿se forja un volcán?
                           Jana


domingo, 19 de junio de 2011

  Hoy voy a hacer esta entrada porque va dedicada a una chica que está pasándolo muy mal; quisiera desde aquí sólo expresarle que muchos de nosotros hemos pasado por muy malos momentos, nos han engañado, humillado, despreciado, quizá amado malamente (que también es doloroso y dañino) y a pesar de ello, hemos podido salir adelante, mirando atrás más de una vez, sí, no somos tan fuertes, pero al final ¡se sobrevive! ¡Y se vuelve a vivir! Y, ¡ay!, se vuelve a sufrir.
  Es para ti, linda, no voy a decir tu nick porque no puedo ni quiero llamarte así; todas las poesías que etiqueto con Mi primavera de desamor las escribí en la primavera de 2004, cuando el hombre con el que llevaba desde los quince años, el padre de mi hija, se enamoró de otra y... lo demás te lo he comentado ya. Afortunadamente todo fue para bien, ¡ahora me alegro tanto, tanto!, pero el dolor estuvo ahí y dejó su cicatriz.
 


  MIEDO

Tengo miedo a tu ausencia.
Tengo miedo a mis lágrimas.
Tengo miedo a morirme
cuando llegue mañana.
Me dan miedo las horas que me esperan
en mi pobre reloj, agazapadas,
y se arrastran despacio, muy despacio,
como caracolitos de esperanza.
Miedo a los días vacíos, tan vacíos,
acompañada o sola.
No es a la soledad a la que temo:
es a los pensamientos que me acosan.
Si un día lejos de ti es la tortura
que me cierra asfixiante la garganta,
¿cómo podré vivir sin ti la vida,
un día, dos, tres, cuatro, una semana?
Siento que el corazón se me desboca
y a la vez se me para.
Siento que el aire llega a mis pulmones
y los hace estallar a bocanadas.
Tengo miedo a las noches
sin tu cabeza sobre mi almohada.
Tengo miedo a esta muerte
que me persigue pero no me mata.
Tengo miedo.
Tengo celos.
Tengo pena.
Tengo rabia.
Tengo tanto dolor en todo el cuerpo
que no soy más que pensamiento y lágrimas.
Estaba llena de tu amor mi vida,
y ahora que tú te vas, todo se acaba.
Tengo miedo.
¡Tengo miedo!
¿Cómo podré sobrevivir al alba?
No podré saludar al día naciente.
No sabré amanecer sin la esperanza.
Es tanto el miedo que me da tu ausencia
que no soy más que corazón y lágrimas...
                                      Jana


jueves, 2 de junio de 2011

MI PRIMAVERA DE DESAMOR

  Llevo todo el día leyendo blogs ajenos y me pregunto: ¿para qué hacer uno propio si nunca sabré decir ni la centésima parte de lo que decís vosotros? No es menospreciarme: puedo escribir ficción medianamente pasable, pero expresar lo que siento, lo que pienso, la indignación, la ternura, el "flash", eso no sé hacerlo. Y sin embargo seguiré este blog, lo mismo que de jovencita escribía un diario, porque sí, porque me gusta, porque me desahogo, porque si yo no puedo decirlo, otros lo han dicho por mí, en verso o en música, y yo puedo ponerlo aquí y compartirlo con las ondas estas tan raras que llevan nuestras palabras por el mundo.
   Hoy he descubierto blogs llenos de ideas hermosas, ideas que comparto -algunas- y que yo no sabría decir pero que me hacen suspirar y seguir leyendo, y más, y más, y estoy saturada pero deseando que pase la noche para volver a leer, y eso que tengo que pintar puertas y habitaciones porque pronto vendrá mi hijastro a pasar unos días y queremos que encuentre la casa bonita, a pesar de las goteras, los perros, el gato, las gallinas, las moscas, las avispas... ¡UF!
  Y por poner algo mío, ahí va otro de los poemas de Mi Primavera de Desamor, cuando ya no quise cerrar más tiempo los ojos y me planté.



VETE

Nunca más ya te soñarán mis labios.
Nunca más ya te añorará mi piel.
Nunca más ya mi corazón desnudo
latirá por tu ausencia alguna vez.

Se acabó mi dolor, aunque aún me duela.
Se acabó la ternura del recuerdo.
No puedo sentir odio; siento pena
y, aunque no quiera, un poco de desprecio.

Tu traición ha matado ya el aroma
de la flor fresca que latió en mi pecho.
Ahora veo que era todo cobardía:
me engañaban tus ojos y tus besos.

Me mentías a mí; también a ella.
Eres libre, pues yo no te retengo.
Puedes irte, y te pido que te vayas:
que ella te acoja en su maternal seno.

Eres libre para irte. Vete ahora.
Para quedarte junto a mí, ya no.
No creo ya en tus ojos ni en tus manos.
No quiero más mentiras ni traición.

No existe en ningún sitio el hombre aquel
al que yo amara hasta morir de amor.
Ese hombre se escapó de entre mis dedos
y ahora comprendo que es que no existió.

Fue tu amor un invento de mi mente.
¡Qué amarga es la certeza de saberlo!
Te di mi juventud y mi dulzura
y tú sólo me diste un triste eco.

No te culpo, ya no; si estás vacío
busca quién pueda rellenar tus huecos.
Yo ya estoy agotada. Necesito
algo que tú no sabes dar ni en sueños.

Vete, pues. Si consigues olvidarme
es porque el hombre que yo amé no existe.
Si hubieses sido "él", sólo un instante,
jamás, jamás, jamás podrías irte.

Primavera 2004             Jana


jueves, 26 de mayo de 2011

MI PRIMAVERA DE DESAMOR



Otra poesía triste de las mías...y no es que yo sea tan emo,sino que escribo poesía para no llorar...





Mis lágrimas son de escarcha.
Mi pena está hecha de hielo.
Mis ojos buscan la luz
y sólo ven cielo negro.

Esta noche, en mi esperanza 
murió otro secreto anhelo...
Mis manos están vacías.
Mi pecho grita en silencio.

Mi piel ansía las huellas
que ayer trazaban tus dedos.
Esta noche, tu mirada
era fría como el hielo...

Mi risa huyó con la luna...
Un cuervo cruzó en mi sueño...
Porque esta noche, en mi boca
otro beso nació muerto...
                                             
                                  Jana





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Ana Vega Burgos
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