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miércoles, 10 de agosto de 2011

BOTELLÓN, BOTELLÓN... BOOOTELLÓN



  Ya hace bastantes años que se puso de moda el Botellón. Dios me libre de hablar en su contra: comprendo perfectamente sus ventajas. Los mismos padres ya lo aceptan alegremente: si tu retoño va a emborracharse de todas formas, por lo menos que lo haga económicamente, que la vida está mu achuchá. Seamos prácticos aunque parezcamos cínicos.
   (Inciso: recuerdo una canción que cantábamos de pequeñas jugando al corro, y que decía más o menos así:
          San Antonio bendito,
dame un marido
que no fume tabaco
ni beba vino...
   Se ve que San Antonio nos escuchó y solucionó rápido el problema: ahora los chicos fuman porros y beben whisky, el vino es demasiado cutre para ellos)

 En el botellón, por tres euros te tomas tres cubatas, menos de lo que cuesta uno solo en cualquier bareto normalito; y si eres rapidillo -o una esponja- pueden caer hasta cuatro o cinco. Por la música no hay apuro: con el súper-mega-fashion bombo a toda pastilla puedes escuchar las últimas melodías tipo "ay, súbete la farda, ay quítate la ropa" , etcétera, que a las chicas parece encantarles por lo requeteprofunda que es la letra, con ese mensaje nada subliminal.
   (Nada que decir: para gustos, los colores. Yo bailaba "que se me ha muerto el canario" y tan feliz, cucha)
   Pero como resulta que me tocó recoger los restos de la batalla cuando trabajaba aferrada a mi escoba, justo para la feria del pueblo, sí que he empezado a pensar un poquito más acerbamente. A cualquiera que se ponga con calcetines, zapatos de deporte, camiseta, pantalón largo (para no achicharrarnos con el sol ni pincharnos con objetos no identificados) y gorra, a los cuarenta graditos más sol del pleno julio de Córdoba se le debe disculpar con todo cariño que la amargura le ciegue.
   Paso sin prejuicios por el Botellón  -juventud, divino tesoro, adónde iremos a parar, etcétera-; yo también fui joven y me rebelé, como todos.
   Paso porque los padres acepten pacíficamente una camada de cachorros alcohólicos sociales: yo también soy madre, y tuve que sujetar la cabeza de mi hija cuando vomitó sus tres primeros cubatas.
   Paso porque si beben en el pueblo no conducirán más que unos metros: es un alivio para todos.
   Pero ¿tengo que pasar también porque sean unos vándalos que se divierten repartiendo las botellas por todo el césped, cuanto más lejos del contenedor, mejor? ¿Tengo que pasar porque su distracción favorita, después de beber, sea comer pipas y tirar las cáscaras donde más difícil resulte barrerlas?


   ¿Debo aplaudirles por su generosidad al dejar -muy bien repartidas, eso sí, a más o menos dos metros unas de otras- botellas práctica y totalmente llenas de refrescos que ni se beben ni guardan para el día siguiente?
   Vamos a ver, chicos: os quejáis de que ir de copas por los bares es muy caro, y yo os doy la razón con los ojitos cerrados; de que la cosa está mu apretá, y yo digo: que me lo cuenten a mí, que me he paseado con la escoba en la mano y la bolsa de basura cogida a la riñonera durante quince días por poco más de trescientos euros; de que "los que tienen" despilfarran y nosotros nos escoñamos (con perdón) por cuatro céntimos...
¡¡¡¿¿¿por qué ahora tiráis llenas las botellas de dos litros de coca-cola, seven-up o fanta???!!!
   ¡¿Por qué?!
   Ah, perdón, no lo había oído: porque es papi quien te da el dinero para el botellón, claro. Es que si paga papi, ya no es lo mismo: el que despilfarra es él.
    Pero, ¿por qué tiráis las botellas, vacías o llenas, lo más lejos posible del contenedor, en medio del césped, para que las del paro empleen tres horas en recoger lo que debería poder quedar limpio en una hora?
   Pues claro, chico: porque mami -esa mami que hace unos meses también salió a trabajar sus quince diítas al paro- te dice:
   -Yo ya tuve que recoger la mierda de los otros, ahora que la recojan ellas, faltaría más.
Y tú, ¿qué vas a hacer, obediente y no-pensante fruto de sus entrañas?
   Si papi o mami te dicen:
   -Que lo hagan las del paro, que para eso les paga el Ayuntamiento.
   ¿Cómo vas a contradecirles tú, que el día de Mañana -qué lejano, ni pienses en él- te quejarás muy cargado de razón de que ese mismo Ayuntamiento te fría a impuestos?
   Si papi o mami te ordenan:
   -Lleva el perro al parque, que el pobre tiene que hacer sus cositas...
   Y tú vas alegre y felizmente a ver cómo hace caca el perro; a lo mejor te tapas la nariz y le dices: "¡qué guarro eres, Rocky!"; y el premio se queda ahí, humeante y oloroso, para que las del paro lo recojan mañana, y sin poder taparse la nariz porque en una mano llevan la escoba y en la otra el recogedor.
   ¡Si tendría que estar contenta de recoger esa caca de tu perro, porque el tuyo no es un chucho cualquiera, no, es un perro de marca, perdón, de raza! Él solito vale más dinero que el salario que va a cobrar la espabilá ésa del paro que no quiere dar un palo al agua.
   Y además, que quienes lo dicen lo hacen con conocimiento de causa: desde que cumplen los dieciséis, todas las chicas del pueblo que se apuntan en la oficina del INEM (muchas lo hacen aunque sigan estudiando, por si cae algo) salen aunque sólo sea una vez a trabajar en el paro; son las novias, hermanas y madres de los chicos que hacen el botellón;  son las mismas muchachas que el sábado se van también ellas de botellón, porque los domingos (a no ser que haya feria, como me coincidió a mí) no se trabaja en el paro, sino que una señora del pueblo va a recoger la basura que sus jóvenes paisanos tienen a bien esparcir por ahí.
   -Que trabaje, joder, que para eso le pagan...
   : veinte putos euros cada domingo, sí.
   ¿Sabéis?: seguramente esa señora necesita mucho, pero mucho, esos veinte euros que cualquiera de vosotros se gasta fácilmente en un par de hamburguesas y una sesión de cine en la que sería inicuo que faltaran palomitas y chuches. Por eso mismo, claro, no podemos dejar la zona del botellón tan impecable que no sea necesario su trabajo. (Tranquilos, tranquilos: no hay peligro por ese lado). Aunque... quizá... si cada grupo dejara juntitas y apiñadas todas las botellas, vasos y bolsas de plástico que se han usado por la noche tan alegremente, ni siquiera en una papelera, sólo todas juntas, al lado del banco en que os habéis sentado... las tres o cuatro horas podrían reducirse a la mitad.
 
   Pero ¡¿qué sacaríais vosotros con eso?!
   Nada. Absolutamente nada. A no ser que tengáis una mínima conciencia social, un granito de espíritu de solidaridad, un minúsculo pensamiento para el prójimo que quizá mañana puedas ser tú. O tu madre. ¡O tu hija!

    Recoger los restos del divertido botellón no es divertido. Se te borra la sonrisa. Se te quitan las ganas de cantar. Empiezas a sentirte muy, pero que muy alejado de la juventud.
   Te incorporas un momento con la mano en la cintura dolorida, soplas hacia arriba para refrescarte un poco la cara, miras a tu alrededor y te dan ganas de llorar.
   Después vuelves a agacharte, recogiendo botellas y cristales rotos, y sin proponértelo, vas llegando a un estado de indignación en el que de pronto te encuentras al mando de un pelotón de guardias civiles, y les ordenas:
   -¡Rápido! ¡Desplegaos por sorpresa, rodeadlos, que no escape ni uno!
   Es gratificante. Puedes ver el círculo de guardias civiles cerrándose en torno a los incivilizados barbilindos; los bigotes de los miembros de la Benemérita enhiestos de gomina y severidad... Y escuchas:
   -¡A ver, que no se mueva ni la pata de una hormiga! ¡Vosotros, todos:
       A RECOGER!
   Probablemente algunos ya no puedan dar ni tres pasos sin trastabillar, pero recogen, ¡ya lo creo que recogen!: todas las botellas juntas, en fila; todas vacías, para que las bolsas no pesen toneladas al tener que llevarlas hasta el lejanísimo contenedor; ni una bolsa de plástico al viento, ni un puñado de cáscaras de pipas, nada. ¡Qué limpio todo! ¡Qué paz!
   Hasta los bigotes de los agentes caen, relajados...
 
 Porque... ¿multas? Hay quien rechina los dientes al ver el espectáculo de la zona del botellón a la grisácea luz de la mañana siguiente y propone aleccionadoras multas a los botelloneros. Pero es inútil: la gran mayoría son ni-ni, o sea que la multa la va a pagar papá, que gruñirá y tal, pero ni siquiera exigirá, a cambio, que le laven el coche o que frieguen los platos de todos durante un mes. Ahora los padres ladran, pero no muerden. Y a los ladridos se acostumbra uno enseguida, o te plantas el mp3 y ya no oyes nada que no te apetezca oír.


   Iba yo pensando -mientras el sudor me escocía en los ojos y mi botellita de agua se calentaba hasta el punto de ebullición- que tal vez fuera buena idea crear un nuevo empleo en el pueblo. Sólo para los sábados, para que la señora de los domingos no pierda sus ingresos: una pareja de chicos -chica y chico- de los acaban de cumplir dieciséis (de los que van al botellón, justamente), cada sábado, a partir de las ocho de la mañana, invierno o verano, da igual, lo que toque, para recoger el botellón. Trabajo Social Obligatorio: no te lo va a hacer tu mami ("angelito, mujer, si llegó a casa a las cuatro, cómo le iba a levantar, me dio pena"), ni tu papi podrá pagar a "alguna más necesitada" para que lo haga en tu lugar.
   Seguramente al año tocaría tres o cuatro veces: os juro que, sólo con una, bastaría para concienciarse. Os lo digo yo, que lo he vivido en mi piel.
   ¡Ojalá los Ayuntamientos tomaran nota de esta idea! Puede que alguno ni por ésas se mentalice, pero siempre estará por allí cerca otro que le diga: "¡eh, tío, cuidado con lo que tiras, que mañana me toca a mí!". Y a lo mejor añade: "¡Te parto la cara!"
   (A veces es hasta relajante amenazar con recurrir a la violencia).
   Y cuando oigáis: "tíralo ahí mismo, va, que hay que dar trabajo a las barrenderas", pensad esto:
   Para dar trabajo a las barrenderas ya están los árboles,  que nos dosifican sus hermosísimas hojas doradas dulcemente, sin prisa pero sin pausa; o el viento, que juega a soplar justo cuando acabas de reunir un lindo montoncito y vas a buscar el recogedor...
   No os preocupéis por las barrenderas: tienen trabajo, no necesitan para eso de vuestra colaboración.
   De vuestra empatía, de vuestra solidaridad, en cambio, sí: todos lo necesitamos, si queremos, MAÑANA, tener aunque sea únicamente nuestro inalienable derecho al pataleo.
    
Firmado:    La Bruja de la Escoba.
 

jueves, 21 de julio de 2011



 

ANTES MUERTAS QUE BAJAR DEL BURRO

   He tenido que luchar con uñas y dientes por nuestro día festivo. Y lo más gracioso es que la lucha no ha sido, como sería lo lógico, con el encargado, sino ¡con las compañeras! Luego nos quejamos de que nos estafen, pero es que hay personas que prefieren que les timen lo que sea (en este caso un día nuestro) antes que dar su brazo a torcer.
   Os explico: el domingo, las del paro NO trabajamos. Genial, ¿verdad? O simplemente justo, aunque sea poco.
   Vale. Hasta ahí llegamos todos, ¿no?
   Ahora bien: el lunes es fiesta local por la feria. Este festivo se equipara a un domingo, y por tanto no se trabaja, igual que no se trabaja del día de los Santos, o el  de la Inmaculada, o el  de la Constitución, o Navidad... 
   ¿Se entiende? ¿Creéis que me he liado al explicarlo?
   Yo creo que hasta ahí se debería entender, no sé.
   Pues prosigo:
   Como es feria, y hay botellón, fiestuki, vasos de plástico a gogó, etecé etecé, el Ayuntamiento nos pide de favor que cambiemos uno de nuestros festivos por un día laborable. En agradecimiento, sólo trabajaremos el festivo las cuatro o cinco horas que tardemos en recoger la feria.
   Aceptamos (no hay más remedio). Somos cuatro chicas: dos parejas. Una pareja trabajará el domingo y la otra, el lunes. Así que descansamos uno de los festivos que nos corresponde y después, un día laborable que tú se lo has cambiado al Ayuntamiento por ese festivo en que SÍ trabajas.
   Dos días de descanso=dos días de descanso.
   ¿Sí o sí?
   Debería ser "sí", pero hasta aquí no llega ya ni el encargado. 
   Bueno: además, tenemos, por cada quincena, un día de Asuntos Propios que va aparte.
   Sumamos: 2 días de descanso porque son dos festivos + un día de Asuntos Propios... = ¡3!
   ¡Tres! ¡Tres! ¡Tres! ¡Joder, que me lo enseñaron en Parvulitos!
  
 Pues no me han comido porque estaba sucia del polvo de las calles, que si no, os asseguro que Jana habría desaparecido desgarrada, como una linda gacelilla de dulces ojos negros entre leonas famélicas.
   -¡Que no, Jana, que son dos días!
   -¡Que no, Jana, qué más quisiéramos nosotras, que te equivocas!
   -¡Tía, Jana, que te calles ya, que no te enteras! 
   El encargado me daba la razón pero a los diez segundos me la quitaba. Primero que sí, luego que no, que si trabajo el domingo sólo descanso lunes y martes. Luego que sí, tienes razón, Jana, Asuntos Propios es aparte. Luego que no, que no, que dos días y ya está. 
   Total, que ya me resigno -prefiero siete horas de barrer a mi bola que media de lucha fratricida con marujitas cabezonas- y, encogiéndome de hombros, digo:
   -Vale, no pasa nada: que las limpiadoras tenemos un festivo y los jardineros dos, será el convenio.
   -¡Claro, tía, que ya te lo he dicho veinte veces, que no te enteras de lo que va la cosa! -esto, la más belicosa de mis compañeras- ¡Con lo fácil que es!
   Pero, entonces...

He visto una luz,
hace tiempo brilla y no la vi...
(versión Jana de "Llamando a la Tierra", de MClan.)

    ¡Tachán! El encargado, que me grita:
   -¡Eh, Janita, Janita, espera un minuto! ¡Que claro que tienes razón!
   -Mira, que no haces más que darme una alegría y luego una decepción, chuli, a ver en qué quedamos.
   -Que sí, c..., que tenéis dos festivos y uno de Asuntos Propios, tres días, ya está. Tú tienes lunes y martes y el otro, el que quieras.
   ¡¡Hurra!! ¿No? Estamos todas reventadas, viene la feria, hay dos festivos y he conseguido que se nos de... lo que nos pertenece. Vámonos corriendo antes de que al encargado se le vuelva a nublar la mente.
   Pues, no. Todavía hemos tenido que coger -el encargado y yo- papel y boli para hacerles unos croquis a las tres, porque se emperraban y se emperraban en que yo no podía tener razón. Ya si me pongo suspicaz, igual puedo sospechar que es que no soportn que "la hippie del mercadillo" (sí, esa soy yo en el pueblo) puede carburar con más claridad que ellas, las satisfechas señoras de su casa que no necesitan el dinero porque sus maridos están "bien colocados",  y lo que cobren se lo van a gastar en un conjuntito muy mono que vieron en El Corte Inglés y en algunas cosillas para los niños, pobrecillos, que también tienen derecho a ir de marca para que no los discriminen... (sic)
   Una de ellas me miraba todo el rato asintiendo, pero no se atrevía a quitarle la razón a las demás, es que he flipado en colores
  
   Bien; par más inri, yo ni sabía que teníamos dertecho a dos festivos; yo, el primer día, dije: "seguramente en la feria unas vendremos el domingo y otras el lunes, a mí me da igual trabajar el domingo porque el sábado de feria está todo demasiado petado y me quedo en casa, pero lo que vosotras digáis."
   No es porque sea una Santa Generosa, es que de verdad me da bastant igual, porque Kino (mi pareja) también está parado ahora y cualquier día puede ser bueno para irse de juerga.
   Pues la más belicosa se apresuró a soltar:
   -Yo el domingo no trabajo ni muerta, eso no se lo cree ni el alcalde.
   -Bueno, pues Jana y yo venimos, que a mí también me da igual -terció mi compañera, tan complaciente.
   -Vale, pues vosotras venís el domingo y nosotras el lunes -decidió la belicosa.
   Pero ahora -esta misma mañana- resulta que el marido de la belicosa se va de viaje de trabajo toda la semana, así que ahora ella ya preferiría trabajar el domingo para irse con sus amigas marujitas esa noche y no tener que madrugar el lunes. 
   Yo podría haber dicho: "bueno, pues yo trabajo el lunes". Pero:
   A/.- Mi niña ya está hecha a la idea, desde que lo hablamos el primer día, de que el lunes nos veremos, pues ella también trabaja el domingo.
   B/.- Yo también me había hecho a la idea, cosa que tiene su importancia aunque al parecer mis proyectos no deberían ser nunca los primeros, por Dios.
   Y 
   C/.- La señorita belicosa me suelta hoy por toda la cara que ella jamás en la vida ha dicho que no quiera trabajar en domingo, que estoy muy equivocada.
   Sólo por el C, de veras, me he callado y no le he ofrecido: venga, pues cambiamos otra vez para que tú descanses el domingo.
   ¡Es que ahora comprendo por qué me había sentido siempre tan feliz arropada en mi niebla y sin querer abrir ni un jirón!
    ¡Odio la caradura de la gente!
    Y lo más inri es que las otras, que me estaban diciendo por detrás: sí, sí, yo la oí... (Claro, si lo dijo veinte veces) no fueran capaces de reconocerlo en voz alta.
   ¡A lo mejor temían ser devoradas por la Leona Dominante!
   Conclusión: por gente así se pierden las batallas. Como el soldado al que le dicen:
   -Oye, quítate de ahí, que el capitán ha dicho que las balas vienen del este.
   Y el soldado responde:
   -Es que yo estoy en el oeste.
   -No, hombre, mira, ¿ves?: el sol está saliendo, y todos sabemos que el sol sale por el este y se esconde por el oeste, nos lo enseñaron en el cole.
   -Qué va, qué va, qué va, el sol sale por el oeste, es que tú no te enteras.
   Y... ¡pumba!
   R.I.P.

  ¡Hala, chicos, dad gracias a Dios porque no trabaje todo el año, porque os tendría amargados!
   Oye, y si queréis iluminar con vuestra luz mi niebla, decidme, por fa: ¿tan difícil os ha resultado entender que 2 días + 1 día son 3 días, y no 2?
   A lo mejor es que me caliento y sólo sé sumar noches...

   


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Ana Vega Burgos
anavegaburgos,@hotmail.com