Siguiendo con
Mi Primavera De Desamor, con aquel tiempo que ya pasó, y enlazándolo con las entradas que os prometí de "Poesías de Siempre", me ronda la cabeza mi amado Bécquer; precisamente utilicé tres poemas suyos para encabezar cada una de las tres partes en las que dividí mi poemario triste. El primero, con cinco poemas en los que, sin saber aún nada, "presentía" que algo se había roto, era el siguiente:
No me admiró tu olvido, aunque de un día
me admiró tu cariño mucho más.
Porque lo que hay en mí que vale algo,
eso... ¡ni lo pudiste sospechar!
Bécquer
Es un grito de orgullo herido, por supuesto, y a lo largo de mi vida lo he copiado cientos de veces porque me gustaba tanto, y me hacía sentir mejor... sea o no sea verdad, una se consuela pensando que quien ha dejado de amarte nunca supo valorarte del todo. Puedes fallar, carecer de algunas cosas, pero tu alma inmortal está ahí, tus sentimientos son muchos más profundos de lo que los demás pueden alcanzar a ver, y nosotros, los que escribimos (que creo que somos todos los blogueros), tenemos ese "algo" mágico que nos protege un poquito, como un fetiche, del vacío absoluto de la soledad.
Después, la segunda parte de
Mi Primavera... era ya la certeza: como os conté en la anterior entrada, cuando por fin me lo dijo, harto ya de mis preguntas insistentes, de mi "dime la verdad, por favor" angustiado.
Y lo encabecé con la rima XLII de mi poeta, aquella a la que yo siempre he denominado
"Infidelidad":
Cuando me lo dijeron, sentí el frío
de una hoja de acero en las entrañas.
Me apoyé contra el muro, y un momento
la conciencia perdí de dónde estaba.
Cayó sobre mi espíritu la noche;
en ira y en piedad se anegó el alma.
¡Y entonces comprendí por qué se llora!
¡Y entonces comprendí por qué se mata!
...Pasó la nube de dolor. Con pena
logré balbucear breves palabras.
¿Quién me dio la noticia?: un fiel amigo.
¡Me hacía un gran favor!... Le di las gracias...
Bécquer
Y, por fin, llegamos a la tercera parte; tras un infinito año de dolor, con terribles recaídas que me cortaban la respiración, todo fue atenuándose, volví a sonreír con ilusión, mi vida se llenó de esperanza, fui la que había sido tanto tiempo atrás, volví a sentirme apreciada (no, no con amor, sino con amistad, que en aquel momento era lo que más falta me hacía) y a pensar que el mundo ni mucho menos se acababa. Y aquella tercera parte de Mi Primavera De Desamor llevaba como prólogo otro poema de Bécquer que, como todos los suyos, desde niña me sabía de memoria:
RIMA LXIV
Como guarda el avaro su tesoro
guardaba mi dolor.
Yo quería probar que hay algo eterno
a la que eterno me juró su amor.
Mas hoy le llamo en vano, y oigo al tiempo
que le agotó, decir:
"¡Ah, barro miserable! Eternamente
no podrás ni aun sufrir...
Bécquer
Bécquer es el poeta que más me ha acompañado a lo largo de toda mi vida, lo siento como a un amigo muy sabio, inalcanzable y a la vez cercano, dentro de mí. Él sabía expresar en pocas y sencillas palabras todo lo que yo podría pasarme estrofas sin fin intentando dibujar. Para mí, es el más inmortal de todos los poetas.
Y hoy, día de Todos los Santos, no puedo por menos de recordarlo también por otro motivo: cuando era una niña -diez, once, doce años...- este día no estaba completo para mí si no me había estremecido con la lectura de El Monte De Las Ánimas, una de sus leyendas más espeluznantes. Temblé con esa leyenda más que con cualquier película de terror que haya visto a lo largo de toda mi vida, con su descripción del roce de los huesos que se aproximaban a la alcoba de la "hermosa prima"... Si tenéis oportunidad, no dejéis de leerla, porque es GENIAL.
Para Bécquer, el Poeta Inolvidable.
Con devoción.
Jana