El 26 de noviembre es la fecha más importante de mi vida. Antes, no: era un día como otro cualquiera, seguramente gris ("noviembre es el mes más sombrío", decía Luise May Alcott en "Mujercitas"), y sin duda frío.
Pero desde hace... ¡veinte! años, éste es el día más hermoso porque en él nació mi hija. Un regalo de Navidad adelantado, el más maravilloso presente de los Reyes Magos.
No voy a contaros todo lo que siento porque me pondría muy tonta y ya está bien. Llevo toda la semana con las lágrimas a punto de desbordarme porque ¡son veinte años! Aunque el tango diga que veinte años son nada... ¡¿cómo que no?! ¡Es tanto, tanto y tanto, que lo es todo!
Hemos pasado muchas cosas las dos juntas, a veces solas, otras veces acompañadas en nuestro camino. Siempre, como un Mago Bueno, estuvo Vega con nosotras; cuando las dos tuvimos un hombro en el que apoyarnos él nos dejó dulcemente, como tranquilizado al dejarnos en buenas manos. Siempre hago tarta de chocolate con fideitos de colorines por encima y una velita más, cada año una más.Este año son 20.
Ya no están con nosotras Damián, ni David, ni Azahara, ni Sandra... Tampoco su padre, ni su prima Sonia. Este año no estará Isra, pero estará H., porque el amor se acaba y qué le vamos a hacer, pero resurge en otra persona, y si la veo feliz, yo también lo soy, es así de simple.
Hubo cumpleaños inocentes, hubo un cumpleaños de adolescente en el que después de tarta nos fuimos al "Jorco", ya en plan "chica mayor", a tomar una coca-cola estrenando las botas de tacón... Hubo algunos de botellón después de la tarta, después llegaron cumpleaños más caseros, nosotros cuatro solamente... De todo.
Pero siempre hemos intentado que sea un día especial, con muchos regalitos pequeños para que haya muchos papeles que desenvolver, y muchos "ooooooh...", y mucha ilusión, golosinas colgando del ventilador de techo de la salita, la mesa llena de paquetitos, la tarta en medio, risas, besitos, y después, cada año, Anais me pide que le cuente el día en que nació, como una tradición, aunque se lo sabe ya mejor que yo. También mi madre me contaba a mí sus recuerdos del día en que yo nací , y de chica yo me mosqueaba cada año cuando me decían que mi padre había traído churros para todos y que yo no los comí, ¡con lo que me gustaban!¡No era justo, yo quería churros, ¿por qué nadie me preguntó?!
Este año ya tengo muchos regalitos para ella: un colgante de plata con forma de dado (porque le encanta jugar al rol), unos leggis, una rebeca negra larga -igual que la mía-, un cojín de Betty Boop en moto, una linterna chiquitita para el coche, un reloj con la correa azul turquesa, unas zapatillas calentitas con dibujo de piel de vaca y una bufanda que le he hecha con lycra marrón y oro con un diseño cogido de Internet ("bufanda calada dos agujas", por si queréis verla, es facilísima y muy bonita).
Y pollo a la ciruela y después, la tarta. Y estar juntas un año más y pedir a Dios que haya muchos más al menos como éste, con lo mucho bueno que nos ha pasado.
Me gustaría dedicarle una canción alegre que fuera "nuestra", y hay muchas que nos encantan a las dos; sin embargo, la que me viene a la cabeza porque nos acompañó en los malos tiempos no es alegre ni chispeante, pero sé que siempre, la oiga donde la oiga, le recordará a aquella mami que, mejor o peor, quiso estar a su lado, cogiéndole la mano, en todas las épocas de sus veinte años de vida.
Va por ti, gatita blanca lacito rosa
¡¡¡¡F E L I Z C U M P L E A Ñ O S , A M O R !!!!
tq, hb






