Casualidad es el seudónimo que usa Dios
cuando no quiere firmar con su propio nombre.
Anatole France
Al fin de la batalla, y muerto el combatiente,
vino hacia él un hombre y le dijo:
«¡No mueras, te amo tanto!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Se le acercaron dos y repitiéronle:
« ¡No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!»
« ¡No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil, clamando:
« ¡Tanto amor, y no poder contra la muerte!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Le rodearon millones de individuos
con un ruego común: « ¡Quédate hermano!»
con un ruego común: « ¡Quédate hermano!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Entonces, todos los hombres de la tierra le rodearon;
les vio el cadáver; triste, emocionado;
incorporóse lentamente.
Abrazó al primer hombre;
incorporóse lentamente.
Abrazó al primer hombre;
echóse a andar…
César Vallejo, 10 de noviembre de 1937

