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miércoles, 9 de noviembre de 2011

   Cuando mi niña era pequeñina yo me tomaba muy en serio los consejos del pediatra, aparte de que, habiendo estudiado dos años de Jardines de Infancia también había prestado mucha atención a las clases de Nutrición, que siempre me han interesado mucho por la cosa de las dietas y tal. A partir de los seis meses a los bebés había que empezar a darles verduras hervidas (sin sal): en aquella época consistía en un  puñadito de habichuelillas verdes, media patata y una zanahoria, y después se le añadían cincuenta gramos de pollo o de pescado. ¡Aquellos purés me gustaron tanto que empecé a comerlos yo también, al menos los domingos!
  Después mi niña creció, pero yo no quise dejar de darle verduras; por las noches le daba su puré, a veces también con lentejas, o con garbanzos, siempre sin grasa y con verduras variadas. Y Anais creció, ahora tiene casi veinte años, y las verduras siguen presentes en su dieta siempre, y le encantan.
  Muy a menudo escuchamos que a los niños no les gustan el pescado ni las verduras, y que ¿cómo vas a obligarles? Yo pensaba: "si desde chiquititos se les acostumbrara, como hice yo...", pero tampoco estaba segura: a lo mejor es que yo tuve con mi nena una suerte especial. Y con mi habitual inseguridad, lo achacaba a la suerte y no a mi habilidad. ¡Dejadme que me eche flores en este caso, por favor!
   Porque ahora que estoy con los peques, he podido comprobar personalmente y sin género de dudas que SÍ, que si se les da desde pequeños y no se deja de dárselos, a los niños les encantan los purés de verduras. Los únicos días en los que los platos vuelven a la cocina vacíos y casi rebañados, son aquellos en los que hay puré para todos, peques y no tan peques. Los ves inclinando los platos para cogerlo todo, saboreando, y, de verdad, es un alegrón... Porque ya sabemos todos que la grasa debe ser la mínima, que la verdura es importante para la salud y también para, simplemente, "conservar la línea", y comprobar que no es tarea imposible ni mucho menos siempre es un paso adelante.
  Y lo mismo os digo del pescado: el pescado blanco también se lo comen estupendamente; cuando a alguno no le hace mucha gracia, les damos una cucharadita de yogur y otra de pescado, que es un truco que recomiendo desde ya porque da resultados geniales. Y se lo comen todo, pero todo: abren sus boquitas como los pajaritos en el nido y no protestan. En cambio, con la carne ya se ponen más tontos, incluso con la pasta y el arroz hay que andar hasta bailándoles para que se coman algo más de medio plato.
  ¿Por qué, entonces, los mayores dejan de comer verduras? Pues sencillamente porque somos muy comodones en casa y no nos obligamos a cocinarla de modo atractivo. Porque no sabemos, o porque a nosotros mismos no nos gusta.
   Recuerdo que mi padre decía siempre: "A mí me gusta la verdura mucho... pero pasada por la barriga del cerdo". Y es que cuando yo decidía ponerme a dieta, de jovencilla, la verdura que me ponía mi madre era judías verdes hervidas y aliñadas con un poco de limón. Y punto. ¿Qué queréis que os diga?: ¡Puaj, puaj y puaj! Era insípido y cansado, así que cuando cogía un par de kilos prefería directamente pasar hambre antes que comer aquello. Pasaron los años, descubrí un día un par de recetas de puré de verduras que, según decían, sólo tenía 100 calorías por ración, las probé, y eso cambió mi vida, aunque parezca una exageración. Sobre aquellas recetas incorporé variantes, o sea, las hice con calabacín, con judías verdes, con col... todas igual de sabrosas y bajas en calorías. Mi padre se volvió forofo de la verdura, mi hija, ya os lo he dicho, para siempre también, mi pareja  (M.P., el de los yogures) alucina con ellos, y tomándolos no he vuelto a tener problemas de peso. ¿Qué más se puede pedir?
  Así que os voy a poner la receta básica, por si os apetece probarla, también por si tenéis niños, o pensáis tenerlos, o sobrinos, nietos, en fin, para todos. No perdemos nada con probarla, y se puede ganar mucho.

PURÉ DE GUISANTES

  Ingredientes para cuatro raciones:
  1/2 kg. de guisantes congelados; 1 cebolla; 2 cucharadas de aceite; 1 cubito de caldo de carne; nuez moscada o comino (opcional); 1 vaso de leche desnatada.

  Se sofríe la cebolla picadita a fuego lento, tapada, en el aceite. Cuando esté doradita, se le añaden los guisantes sin descongelar y dos o tres vasos de agua, justo para cubrirlos. Se echa el cubito de caldo y las especias, y cuando rompe a hervir se le baja el fuego, se tapa y se deja unos diez minutos, hasta que los guisantes estén tiernos. Se aparta, se le añade el vaso de leche y se bate.

  ¡Y ya está! Es sencillo, rápido y económico. El otro puré del que cogí la receta era exactamente igual, sólo que con zanahorias del tiempo y cuatro vasos de agua, porque los congelados sueltan más líquido al cocerlos. 
 A las variantes que yo hice, a veces en lugar de añadirles leche les agregaba un quesito en porciones, y al calabacín y las judías verdes, también, una patata más bien pequeña. Sea el que sea, todos estos purés de verduras están deliciosos, son sanos, no engordan y alimentan a grandes y pequeños. Es una forma ideal de añadir verduras a la dieta diaria y no hace falta estar "acostumbrado a lo verde" porque suele gustarle a todo el que lo prueba, por recalcitrante que sea. ¡Si le gustaba a mi padre y a una de las amigas de mi hija, que sólo quería hamburguesas y salchichas y de todo lo demás decía "qué asco"!
  Ya puestos, os cuento otro truquito que descubrí no hace mucho: el pimentón de la Vera.  Cuando cocino lentejas, garbanzos o alubias, les echo un buen espolvoreado de este pimentón, que lo hay dulce, picante, agridulce... ¡Sabe a chorizo! Así que puedes comerte un platito de lentejas sin nada de grasa y, encima, con el saborcito inigualable del chorizo... sólo añadiendo pimentón de la Vera. Lo venden en cualquier supermercado y es barato, así que los adoradores del chorizo no tienen excusa para no catarlo.
 
   Y como ya sé que esta entrada es un poco rara para las que yo suelo poner, pues me enrollaré una mijita para no cambiar tanto: sólo deciros que últimamente me cuesta bastante más dedicar tanto tiempo al blog, que vengo cansada, tengo cosas que hacer en casa, también quiero dedicar más tiempo a mi pareja porque a veces se nos pasaba el día sin apenas estar juntos, cada uno con sus distracciones, y no debemos ser tan descuidados, que los dos hemos sufrido una separación y deberíamos, por esa experiencia, saber que el amor hay que cuidarlo día a día y minuto a minuto, así que he empezado a quitarme tiempo de mis hobbys para compartirlo con él y creo que lo estamos haciendo bien. Últimamente no escribo nada, no me siento inspirada, pero intento vivir este trabajo que me ha caído del cielo de la manera más positiva, y la verdad es que parezco una abuelita o una títa cantando las gracias de sus niños. ¡Me tienen loca! No sabéis lo gratificante que es comprobar cómo absorben el cariño y de qué manera lo devuelven. Me abrazan, me buscan, me sonríen... hoy, un pequeñito venía a mirarme con toda su ternura y acariciarme la cara con las dos manitas, y me sonreía, y otra vez, y ya me iba a dar algo, ¡me lo comería crudito! Hay más de cuarenta peques en la guardería y cada uno es distinto y especial, pero, de verdad, todos responden al cariño con una ternura desbordante, igual los más extrovertidos que los tímidos, y sus demostraciones de afectos son tan inocentes y espontáneas que te estrujan el corazón.
Seguramente peco de un poquitín demasiado tierna; por supuesto que les riño cuando tengo que hacerlo pero me cuesta estar mucho tiempo seria con ellos, me cuesta "ponerme en mi sitio", ya lo sé, y fue ése uno de los motivos por los que, cuando tuve que elegir, no me decidí a estudiar para maestra, que era lo que más me gustaba cuando era niña. Por otro lado, me digo para consolarme que con mi hija me salió bastante bien, pero no es lo mismo educar a una niña que intentarlo con cuarenta. Cuando me quedo sola con una clase entera, sobre todo con los quince mayorcitos, me cuesta mantener el orden, a no ser que me ponga a cantar o a contarles un cuento. También es verdad que eso no ocurre con frecuencia, así que no puedo practicar a diario, no sé si sería mejor o peor. En fin, soy auxiliar,así que tampoco se me exige que lleve yo sola una clase todo el tiempo. Al menos sí puedo decir que los niños son buenos, que suelo conseguir que coman bien, que cuando tengo que castigarlos, me obedecen y no se desmandan, y que por ahora ¡estoy tan contenta! Aunque me encanten los viernes, y los domingos por la tarde esté pensando "uf... mañana otra vez", en el fondo, y a medida que avanza la semana, vengo cada día con la cabeza llena de anécdotas y sonriendo a cada recuerdo.

 Y ya os he dado mi comecocos que no podía faltar, a pesar de lo cansadita que estoy y de que se me echa la tarde encima, y mañana otra vez a trabajar... y, bueno, ¡que espero que probéis alguno de los purés que os he recomendado, y que os sepan a gloria!


Si tutti i ragazzi, i ragazzi del mondo
si dessero la mano, si dessero la mano, 
 allora ci sarebbe un girotondo
     intorno al mondo, intorno al mondo.

(de la canción “Girotondo Intorno Al Mondo",
de Sergio Endrigo sobre el texto original de 
Paul Fort) 


 Si todos los chicos, los chicos del mundo 
    se dieran la mano, se dieran la mano, 
         se formaría un corro
alrededor del mundo, alrededor del mundo.

Contacto

Ana Vega Burgos
anavegaburgos,@hotmail.com